La responsabilidad ética y política de la ciencia y la tecnología

Nº Revista: 
75

LA RESPONSABILIDAD ÉTICA Y POLÍTICA DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA

 

Por Rodolfo Vergne (*)

 

Resumen

El actual impacto científico-tecnológico ha influido enormemente no solo en la vida de las sociedades, sino también en la naturaleza misma. Está creciendo la conciencia de las consecuencias, tanto sociales como ecológicas de este desarrollo verdaderamente autónomo. Se encuentra comprometida no sólo la libertad humana, sino también su propia existencia física junto con el deterioro de su entorno. Urge el desafío de encontrar respuestas éticas adecuadas que fundamenten las decisiones políticas que hagan posible que este desarrollo se rija por una racionalidad que supere la racionalidad instrumental y que no deje de lado el principio de responsabilidad. Se plantea un cambio de eje entre el mundo de la ciencia y el mundo de la vida, en el que la ciencia y la tecnología deben estar orientadas, ética y políticamente para la sustentabilidad del planeta y el derecho de las generaciones presentes y futuras.

 

Objetivo

El propósito de éste trabajo es reflexionar sobre las implicancias éticas y políticas del desarrollo tecnocientífico y sus consecuencias.

 

Metodología

Dado el enfoque humanístico del tema, la metodología empleada consta de una etapa heurística, búsqueda de textos en bibliotecas y en internet, y otra etapa hermenéutica, de lectura, análisis y comprensión de la información.

 

Marco teórico

Los saberes desde los cuales realizamos esta reflexión forman parte de la filosofía, de la ética, de la historia y de la sociología de la ciencia y la tecnología. Hemos tomado para el análisis dos enfoques claramente distinguibles: el analítico y el hermenéutico. El primero está vinculado al positivismo y a la filosofía analítica. El segundo, más complejo, lo abordamos desde la perspectiva de la Escuela de Frankfurt que articula los intereses técnicos, éticos y políticos, que confluye en una ética discursiva.

1. Los desafíos de las nuevas tecnologías

En la actualidad el desarrollo de la ciencia y de la técnica moderna ha hecho que se universalice su modelo epistemológico como paradigma para todo saber. Las paradojas que acarrea plantean un doble desafío para una ética de la responsabilidad. El desafío externo lo produce, las consecuencias para la vida humana y la estructura de la sociedad por la adopción masiva de las nuevas tecnologías y la globalización de la economía, tanto para las generaciones presentes como para las futuras. El desafío interno reside en el paradigma de la racionalidad científica e instrumental, que se propone neutral axiológicamente como condición de validez racional objetiva. Para éste paradigma, es imposible la fundamentación racional y universal de valores, principios y fines. La paradoja se da en que esta misma ciencia plantea la necesidad de una ética de la responsabilidad como modelo absoluto de racionalidad. Por primera vez en la historia de la humanidad aparece una macroética de la responsabilidad solidaria de extensión planetaria (Apel, 1994, 14).

Siempre se ha criticado a las ciencias que su interés cognitivo se actualiza en la objetivación del mundo. Para Apel, la humanidad necesita de este tipo de saber. La teoría discursiva no cuestiona la pretensión de validez objetiva universal del saber científico en cuanto tal, sino que indaga por las condiciones de posibilidad del conocimiento objetivo y de las pretensiones de validez del saber en general. La objetividad y las pretensiones de validez de las ciencias empírico-analíticas son justificadas si se acepta la validez intersubjetiva de normas morales. La ética del discurso cuestiona el concepto de objetividad y de validez propio de las ciencias, porque de allí se ataca la posibilidad de una fundamentación racional de la ética. Sin embargo, la ética discursiva no se limita al ámbito del discurso de la ciencia, sino que “las normas morales que el quehacer científico tiene que presuponer, son las mismas que se ponen en juego en toda praxis humana discursiva y construyen las condiciones de validez de la argumentación racional e cuanto tal” (De Zan, 1997, 279).

La magnitud del alcance de la técnica y sus consecuencias futuras exigen superar, sin abandonar, las éticas de la contemporaneidad y de la relación con el prójimo. Se ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la naturaleza frente a la intervención técnica del hombre. Al parecer que no hay límites hasta dónde llegará con la técnica, se ha extendido el horizonte de la responsabilidad de la acción humana. Además, la tecnología tiene como característica la irreversibilidad y la acumulación de las consecuencias de su desarrollo. La extensión de los límites de la técnica exige un alcance acorde del saber, aunque en la actualidad, la ciencia queda rezagada frente al poder de la técnica, planteando problemas éticos nuevos.

2. El mundo de la vida subordinado al mundo científico-técnico

La ciencia y la tecnología forman hoy un complejo interdependiente entre sí, aunque la tradición científica y la tradición tecnológica han discurrido de forma separada.

Historiadores de las ciencias han comprobado que en las sociedades primitivas era común la división de clases en las que el sabio y el artesano pertenecían a castas separadas. Sólo desde hace poco tiempo se ha producido una simbiosis que ha producido la aceleración de ambas. A la técnica moderna, que emplea conocimientos científicos y ejecución racional, se reserva el nombre de tecnología (De Zan, 281).

2.1. La ciencia como teoría y la tecnología como ciencia aplicada.

La epistemología analítica separó la ciencia y la tecnología, pensando en la ciencia según el concepto clásico de teoría, como actividad motivada por un saber desinteresado, orientada al puro conocimiento objetivo de la realidad. La utilización de este conocimiento para la transformación del mundo, ya es algo externo a la teoría. La tecnología se presenta como ciencia aplicada, constituyéndose en un instrumento neutral para la realización de fines. Este concepto libera a la ciencia de toda responsabilidad sobre las aplicaciones ulteriores de la misma. La tecnología como ciencia aplicada sólo suministra medios para alcanzar fines. Las cuestiones morales surgen con respecto al uso que se hace de ella, o a los fines en las que se las puede emplear. La determinación de los fines, va más allá de su responsabilidad, ya que en la mayoría de los casos dependen de decisiones económicas y políticas.

Esta postura ha recibido muchas críticas contemporáneas. Ya Husserl había advertido con respecto al objetivismo de la ciencia y cómo el conocimiento está ligado al a priori del mundo de la vida. La moderna ciencia de la naturaleza se desarrolla bajo un a priori tecnológico, en el que la naturaleza se proyecta como objeto cuantificable, como materia manipulable, objeto de control y organización. La aprehensión universal de la naturaleza como objeto de dominio que precede a toda finalidad técnica particular ha sido uno de los tópicos del pensamiento de Heidegger. Aún encontramos diferencia entre la ciencia y la técnica. Para Herbert Marcuse, la materia se define como un posible objeto de manipulación tecnológica. “La ciencia de la naturaleza se desarrolló bajo el a priori tecnológico que proyecta a la naturaleza como un instrumento potencial, un equipo de control y organización” (Marcuse, 1993, 180). Retomando Apel la teoría de los intereses cognoscitivos de Habermas, caracteriza al interés técnico como el interés en hacer disponible y controlar el mundo como la totalidad de los hechos y de sus conexiones nomológicas.

Desde los campos de la historia y de la sociología de la ciencia, se toma en cuenta la creciente dependencia de la investigación de las fuentes de financiamiento gubernamentales con fines militares y de los grandes monopolios industriales. La investigación independiente es cuantitativamente irrelevante. La historia demuestra que la ciencia moderna nunca ha tenido como ideal el saber teórico, sino que ha sido estimulada por intereses técnicos, económicos y políticos (De Zan, 283-284).

Volviendo al terreno de la filosofía de las ciencias, ésta amplia su consideración más allá de los valores cognitivos o epistémicos. Como la ciencia no sólo es una actividad teorética, sino que incluye también acciones prácticas, y acciones transformadoras del mundo, la ciencia no sólo indaga cómo es el mundo, sino que contribuye a modificarlo,

Por eso, “la filosofía de la ciencia no debe reducirse a una metodología ni a una epistemología de la ciencia, sino que ha de incluir una axiología de la Ciencia” (Echeverría, 1996, 44).

2.2. La tecnología, autónoma con respecto a la ciencia

Otro eje de la controversia es la relación de la ciencia con la técnica y el concepto mismo de la tecnología como ciencia aplicada. Es la tecnología la que da origen a nueva tecnología, así como la ciencia avanza sobre la misma ciencia anterior. La sociología de la ciencia ha desarrollado análisis de la ciencia y de la técnica como dos sistemas paralelos diferentes, con dinámicas propias de evolución. Excluye la utilidad tecnológica de las investigaciones de las ciencias básicas y explica el relativo retraso de las transferencias de uno a otro campo del conocimiento (De Zan, 284-285).

Según Jonas (1995, 23), la técnica moderna constituye un caso especial para la consideración ética, se apoya en cinco razones (cf. Bonilla, 1997, 32):

1. Los efectos de toda innovación tecnológica son ambivalentes, implica siempre un riesgo.

2. Sus aplicaciones son automáticas, deja sin efectos las distinciones entre poder y hacer, saber y aplicación, posesión y ejercicio del poder.

3. La ampliación del horizonte espacial y temporal de la aplicación tecnológica, introduce otras dimensiones en nuestras decisiones.

4. La ruptura del antropocentrismo, la biosfera es vulnerable ante la intervención vejatoria de la tecnología del hombre.

5. El planteamiento de cuestiones metafísicas nuevas: si debe haber y por qué humanidad, por qué ha de conservarse el ser humano tal como la evolución lo ha hecho, por qué ha de respetarse su herencia genética, por qué debe existir la vida.

Desde la perspectiva de la filosofía de la técnica, Marcuse propone que es la propia técnica la que es ya, en sí misma, dominación (sobre la naturaleza y sobre los hombres).

El interés por la dominación no es exterior a la técnica. La técnica es un proyecto

histórico-social en el que se proyecta lo que una sociedad y los intereses que la dominan se proponen hacer con los hombres y con las cosas. En la teoría de los intereses cognoscitivos de Habermas (1984) se vincula el desarrollo tecnológico con el tipo de sociedad y los intereses en ella predominantes.

En análisis integrales y sistemáticos, estudiando la tecnología en forma conjunta los aspectos metodológicos, históricos, políticos, sociales, económicos y culturales, aparece no como la expresión de un proyecto ideológico, sino como el principal factor de la modernización y de la modelación de la sociedad y de la cultura. Las necesidades internas mueven a la técnica, se ha convertido en una realidad en sí, que se basta a sí misma, con sus leyes particulares y determinaciones propias (De Zan, 296-287).

Estas visiones proponen que los fines y valores de la sociedad moderna no son externos a la tecnología. Según este criterio, si a partir del concepto de la autonomía de la tecnología y su influencia sobre la sociedad, se puede pensar que cambiando la tecnología, se puede reformar la sociedad.

La ciencia y la tecnología tienden a construir un dominio único dinámico, de autonomía creciente, capaz de generar un sistema de necesidades sociales, o de generar artificialmente las demandas que prolonguen su crecimiento constante.

3. El mundo de la ciencia y de la técnica subordinado al mundo de la vida

¿Hasta qué punto estos sistemas limitan la libertad y las metas de los individuos y condicionan la forma de vida y los valores que rigen la vida social? ¿Cómo es posible el control u orientación de su desarrollo? ¿Cuáles son los criterios y los procedimientos éticos y políticos que deben guiar su acción?

En cierta manera, si bien las técnicas ejercen profundas influencias sobre nuestras formas de vida, es innegable que podemos ejercer cierta clase de elección acerca de los tipos de técnica con las cuales vivimos. Es decir que controlamos la tecnología. Por eso hay autores que están trabajando en la propuesta de una filosofía política de la tecnología. Esta se propone indagar sobre qué formas de tecnologías son compatibles con la clase de sociedad que queremos construir. Algunas tecnologías son flexibles y separables del modelo social. Pero hay tecnologías que elegirlas implica comprometerse con una forma determinada de vida política o con un modelo social. Winner (1983) propone someter la tecnología a la sabiduría política de la democracia. Si queremos elegir qué tipo de sociedad queremos, debernos también decidir qué tipo de tecnología es la más conveniente.

El ejercicio democrático de elegir qué tecnologías aceptamos para que modelen nuestra sociedad, presupone la superación del dualismo entre la racionalidad objetiva de la ciencia y la racionalidad valorativa de la ética y cultura vivida de la sociedad.

Pero el ejercicio de la libertad positiva y responsable de los ciudadanos en las tomas de decisiones colectivas, requiere no solo voluntad de participación, sino que supone condiciones sociales y culturales objetivas que hagan posible esta libertad y las condiciones reales de simetría de la relación comunicativa en los discursos. Además requiere la generación de los espacios públicos de debate, la libre formación de la opinión pública informada y su circulación no distorsionada. En definitiva, el problema del control de la tecnología, sólo se puede encarar dentro de una democracia más real, deliberativa y participativa.

 

Resultados y Conclusiones

En las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad y sus implicancias éticas y políticas, aparecen dos enfoques distintos sobre lo teórico y lo práctico, sobre el conocimiento y sobre las acciones, sobre los saberes y las prácticas. Esto repercute en el modo de considerar las relaciones entre la ciencia y la tecnología por un lado, y entre las prácticas científicas-tecnológicas y las prácticas ética-políticas por el otro. El enfoque técnico propio del positivismo, separa los dos ámbitos de modo tajante, y por lo cual, las decisiones éticas y políticas son posteriores a las científicas y tecnológicas. En cambio, en el enfoque hermenéutico y crítico, las decisiones éticas y políticas preceden a las científico-tecnológicas. El primero separa el mundo de la ciencia del mundo de la vida, el segundo los une. El positivismo limita la ética al ámbito individual y subjetivo de la responsabilidad de cada científico o técnico. La hermenéutica-crítica amplía la ética al ámbito social e intersubjetivo de una comunidad que busca el consenso libre y democrático.

Es imposible revertir el desarrollo científico-tecnológico contemporáneo. Tampoco podemos volverle la espalda. Lo que sí es posible y necesario es tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos por las consecuencias de nuestras acciones con respecto al presente y a las generaciones futuras. Los nuevos problemas y desafíos, ya no suelen ser resueltos con los modelos éticos tradicionales dentro de sociedades pluralistas y democráticas. La ciencia y la tecnología no pueden prescindir de la ética y de la política.

Pero es la tecnología la que mayor impacto puede llegar a tener, por cuanto se encuentra en directa relación con las transformaciones concretas de la naturaleza y de las sociedades. Corresponde a las decisiones consensuadas dentro de un diálogo informado y democrático elegir qué tipo de tecnología es la más conveniente para el tipo de sociedad que queremos.

 

(*) Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria, UNCuyo. San Martín 352, San Rafael, Mendoza. Extractado del trabajo publicado en el Congreso Latinoamericano de Ingeniería y Ciencias Aplicadas Clicap